Mario Vargas Suárez

Algunos compatriotas y quizá otros ciudadanos en todo el mundo, nos hemos cuestionado sobre la vida después de que la Pandemia del COVID-19, cuando haya sido superada. No en tres o seis meses, o un año… ya cuando todo mundo esté vacunado, cuando el mal sea minimizado a su máxima expresión.

¿Qué sigue?

Por lo pronto dice la gente pensante del magisterio, “…tenemos que entrar ya en un proceso de retorno a la educación presencial, porque lo obvio es que entraremos en otra crisis: padres de familia, profesores y SEP…”

Muchas escuelas particulares, colegios o institutos de educación básica en el México y seguramente del mundo, están quebrando, están en banca rota financiera porque los padres de familia han visto como mala inversión la escuela privada. Han optado de dejarla para inscribir a sus hijos en la escuela pública “al fin es en línea”, dicen.

Aunque la escuela pública esté al alcance económico de las mayorías, debemos reconocer sus limitaciones, ya se incorporó a una educación digital y se pronostica que un buen número de padres se inclinarán por la educación a distancia y desde luego, otros preferirán la presencial y no faltará quienes combinen a las dos formas y por lo tanto el Sistema Educativo Nacional (SEN) colapse.

El trastorno educativo en México, después de la pandemia pudiera quedar en las tres vertientes (en línea, presencial e híbrido) y la política nacional de la Secretaría de Educación Pública (SEP) tendría que dar libertad plena a los padres de familia para que se incorporen a cualquiera de los tres senderos, por lo que se tendría que implementar plataformas para la cobertura de la educación digital.

¿Así de simple? Me parece que no. Porque con toda seguridad que este supuesto traería consecuencias, iniciando con debates difíciles entre la autoridad educativa (léase SEP) y el Sindicato Nacional de la Educación (SNTE) como titular oficial de la relación laboral con los trabajadores de este gremio.

Los maestros pudieran argumentar modificaciones al 3º Constitucional, para continuar con las Condiciones Generales de Trabajo, invocadas en el Artículo 123 del apartado B, o en su caso, crear por primera vez un Contrato Colectivo de Trabajo invocado en el apartado A del mismo Artículo.

El tema no es sencillo y es muy posible que al gobierno de la Cuarta Transformación (4T) le corresponda delinear acciones del nuevo esquema educativo en su ¿nueva normalidad?, por lo que cabría cuestionar.

¿Cómo será el proceso del retorno a la escuela?, ¿Quiénes participarán en la construcción de los protocolos en las escuelas?, ¿Quién financiarán la limpieza e higienización de aulas y escuelas?, ¿Habrá licitación para los proveedores de cada escuela para los materiales necesarios?

¿Cada escuela tendría un presupuesto asignado en el Programa “La Escuela al Centro” o se utilizará algún Programa como justificación para que desde el Centro del País la SEP haga gastos a discreción?

¿El financiamiento del programa de sanitización corresponderá a los padres de familia, pese a la pérdida de su empleo o cuál será el protocolo para un equilibrio entre los padres de familia?

El uso del cubre boca tiene una limitación temporal ¿Cuál es la recomendación a los padres de familia, para dotar a sus hijos en edad escolar de cubre boca, gel, máscaras transparentes, más gastos adicionales? No debemos obviar a los mexicanos que tienen dos o más hijos estudiando.

¿Será la COFEPRIS quién vigile la higiene en las escuelas, incluyendo aulas, áreas de educación artística y deportivas; además de anexos, como las cooperativas, los desayunadores, etc.?

El problema que se viene es muy grave y pocos son quienes en realidad se han ocupado de por lo menos hacer una relación de situaciones que se avecinan, porque hasta algunos burócratas, sin valorar hacen bien o pésimo su trabajo en línea, se niegan a acudir a sus centros laborales, aunque anden de ‘chinos libres’ en tiendas departamentales.

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