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LONDRES (AP) — En el más reciente paquete del Senado destinado a frenar el coronavirus, legisladores de Estados Unidos redujeron casi todos los fondos para detener la propagación del virus más allá de las fronteras estadounidenses, una medida que muchos expertos en salud calificaron de peligrosamente miope.

Los expertos advierten que la suspensión de la ayuda de COVID-19 para los países más pobres podría, en última instancia, permitir el tipo de transmisión desenfrenada necesaria para que surja la próxima variante preocupante y eche abajo gran parte de los avances logrados hasta ahora.

Estados Unidos ha sido el mayor contribuidor a la respuesta mundial contra la pandemia, entregando más de 500 millones de vacunas, y la falta de fondos será un revés importante. El dinero ha pagado numerosas intervenciones, incluida una campaña de vacunación masiva en la capital de Camerún en que cientos de miles de personas recibieron su primera dosis, así como la construcción de un centro de atención de COVID-19 en Sudáfrica y la donación de 1.000 respiradores artificiales a ese país.

Otras campañas de vacunación financiadas por Estados Unidos en docenas de países — entre ellos Uganda, Zambia, Costa de Marfil y Mali — también podrían terminar.

“Cualquier interrupción de los fondos nos afectará”, advirtió Misaki Wayengera, un funcionario ugandés que dirige un comité técnico que asesora al gobierno sobre la respuesta a la pandemia. Indicó que Uganda se ha apoyado en gran medida en la ayuda de donantes —ha recibido más de 11 millones de vacunas de Estados Unidos— y que cualquier recorte “hará que sea muy difícil para nosotros hacer que rinda el dinero”.

“Esta es una decisión decepcionante para los países pobres a los que se les prometieron miles de millones de vacunas y recursos el año pasado en grandes promesas hechas por el G7 y el G20”, sostuvo Michael Head, investigador de salud global en la Universidad de Southampton en Gran Bretaña.