La Jornada

Ciudad de México. La música de conjuntos norteños, ceremonias religiosas, arreglos florales –algunos con globos– y reuniones familiares volvieron a dar vida a los panteones de la Ciudad de México, luego de que capitalinos acudieron a festejar el 10 de mayo, cuyas visitas se acercaron a las que se realizaban antes de la pandemia. En las calles se intensificó el tránsito vehicular, en los restaurantes regresaron las filas de espera de más de una hora y decenas de compradores volvieron a los centros comerciales para buscar de último momento el regalo para mamá.

De Iztapalapa, Raquel Ávila, acompañada por su hijo y sus tres hermanos, acudieron al panteón Francés, en Cuauhtémoc, para llevarle plantas a su mamá, a quien le gustaban geranios, helechos, lilis y cuna de Moisés. Realizaron limpieza y colocaron sillas para sentarse y platicar en familia.

De la colonia Obrera llegó don Tomás, de 73 años, a visitar a su mamá Eulalia, como hace desde 1994, y que la pandemia los separó, pero sigue vigente el recuerdo de que ella fue la mejor, porque nunca me pegó.

A pesar de que se permitió el acceso de comida, automóviles y aforo sin restricciones, señaló que el panteón está muy triste, no es como antes.

A mediodía se registró la mayor afluencia en el panteón civil San Nicolás Tolentino, en Iztapalapa, con 2 mil visitantes. Jesús Rodríguez contó que vino el año pasado de Texas a la ciudad para visitar la tumba de su madre, Josefina Bedoya. Le llevaba un ramo de flores, pero estuvo cerrado; ayer le llevó música con un conjunto de norteño que interpretó canciones como Flor de Capomo, una de sus preferidas.

Familiares de Juana Rangel llegaron a las 10 de la mañana, arreglaron la tumba en la que resalta una imagen de San Miguel Arcángel. Le tenía mucha fe, dijo su hija Nancy Jiménez. Colocaron una lona para protegerse del sol y pusieron la música que le gustaba, ritmos tropicales que reprodujeron en una bocina. Desayunaron y por la tarde comieron y le dejaron una torta de frijoles y café.

Miguel y Rodolfo, músicos de son huasteco, ayer no fueron muy requeridos. Traen su bocina porque ya no quieren música viva, explicó el primero, aunque atribuye que no los contraten porque no pueden pagar dos canciones en 60 pesos y tres por 100. Se les hace caro.

Restaurantes de las colonias Álamos y Narvarte lucieron concurridos porque no hubo reservaciones y las familias eran atendidas conforme llegaban.

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