Mario Vargas Suárez

El título de hoy se refiere al uso “…intencionado de la identidad de otra persona para el beneficio propio… el delincuente puede usar de otro(s): nombre, fotos, documentos personales y cualquier información que le identifica y cometer actos en beneficio propio.” Según la Dra. en derecho por la Universidad Complutense, Mayéela González.

En la comisión del delito por lo menos existen dos actores: víctima(s) y victimario(s) y en muchos de los casos el problema es que el universo de la información es Internet, porque es uno de los campos mejor abonados para estos ilícitos.

Los ladrones cibernéticos requieren la información confidencial de los usuarios para secuestrar sus cuentas, comprar bienes o servicios, solicitar préstamos y otros créditos, así como conseguir documentos legales, librarse de la cárcel, etc., y más decenas de etcéteras.

Lo que ha proliferado en las dos o tres últimas décadas, son las llamadas telefónicas de extorsión que van desde el aparente secuestro de un familiar hasta la amenaza de muerte. También está la llamada clásica de la aparente policía local o federal.

A la mesa de esta columna, llegó un correo electrónico con un audio sobre el tema, lo envía un lector, que afirma ya no radicar en Tamaulipas y comenta sobre una grabación que él personalmente hizo en su teléfono celular.

El número telefónico es 899 224 5608, llamó una persona que se identificó como el Ing. José María Barragán Treviño, de la Guardia Nacional (G. N.), para comunicarse con el titular de la línea, dirigiéndose con su nombre completo y en su muy amable palabrería dijo que la semana pasada había estado en el domicilio particular de quien narra el hecho y preguntó si le había dado el recado. La respuesta lógica fue No.

El supuesto Ingeniero, comandante de la G. N. y Jefe de plaza, afirmó haber recibido de una señora, un sobre con fotos y memorias USB, con información muy comprometedora y como “…el presidente de la República, busca la paz y bienestar para todo el país, no dimos a la tarea de investigar la información en su contra amigo, que resultó falsa, pero ya tenemos entambada a esta pin… vieja por mentirosa.”

“La investigación se hizo en su domicilio, preguntando a sus vecinos y todos opinan que usted y su bonita familia son gente de bien, trabajadores y honestos…” dijo el supuesto jefe policiaco.

El audio es largo para transcribirlo, pero al final de la grabación se escucha: “… mi amigo XXX (nombre de pila), usted sabe que en nada he ofendido, ni utilizado malas palabras, porque usted es un hombre de bien, eso nos reportan sus vecinos y los ‘halconcitos’ que tenemos en su cuadra…”

“…Señor XXX (ahora por apellido) pasamos a retirarnos y quisiera contar con su colaboración, no para mí, para mis muchachos, porque ya mañana nos vamos para Matamoros, porque tenemos una junta con empresarios… ejidatarios que nos necesitan y por eso le pregunto sobre la ayuda que pudiera usted dar a la corporación…” dijo el supuesto policía. Algo pasó. Se cortó la llamada.

Nuestro amigo lector, de inmediato bloqueó el número telefónico 899 224 5608 y pese a lo abrupto e inquietante llamada telefónica, el temor de ser espiado por algún vecino, le hizo pensar mil cosas.

“Independientemente de lo que pueda sucederme, señor periodista -espero nada-, es muy claro que el robo de identidad sigue sucediendo, porque ¿Dé donde obtuvo mi nombre completo y domicilio…?” escribe el consternado lector de esta columna.

Lamentable y real, a nivel nacional persiste el robo de identidad. Tamaulipas no escapa de ello cuando datos personales como nombre, domicilio y número de teléfono los exigen en cualquier comercio u oficina, porque es ‘requisito’.

¿Cuántas veces en el banco exigen la credencial de votar para algún trámite y hasta tienen la facilidad de fotocopiar, abierta o discretamente, el documento elector?, ¿Suena conocido este último actuar?

Y decía Héctor Suárez ¿Qué Nos Pasa?